Cuando golpeamos a nuestros semejantes con el látigo de las ofensas, calumnias y vejaciones, tatuamos, con tinta indeleble, la imagen del resentimiento que crece con el tiempo. Obviamente, las heridas más profundas son las que traspasan las fibras de los sentimientos.
En todos los ámbitos de la vida social y política, más allá de las confrontaciones bélicas, sentimos preocupación por la proliferación de armas indecorosas que apuntan a dañar el honor de las personas, bajo el consabido lema de: “difama que algo queda”
Así transitamos por el camino de la descomposición política que destruye liderazgos forjados con sacrificios. Recordamos la leyenda del dueño de un camello que atribuía su pobre desempeño a las debilidades del animal, hasta que un día decidió venderlo y nadie lo quiso comprar. Hoy, como el dueño del camello, encontramos dirigentes políticos carentes de principios y valores democráticos, que asumen como enemigos a sus propios compañeros de partidos por el simple hecho de que aspiran a ocupar posiciones en el Estado: un derecho consagrado en la Constitución de la República Dominicana.
Y así andamos, con difamadores consumados, con mercenarios, sicarios y detractores de todo tipo, dispuestos a liquidar del ejercicio político a quienes se crucen en su camino. Ahora que estamos en la antesala de una campaña electoral que luce enrarecida, es el momento de plantear un cambio de conducta que permita elevar la calidad del discurso, actuando bajo el faro de la decencia, sin tener que difamar y ultrajar de forma mediocre y vulgar a quienes también les asiste el derecho de presentar sus aspiraciones ante el pueblo, que es el soberano.
Las heridas producidas con la daga curva de las calumnias, perduran para toda la vida.
DNCD decomisa 1743 paquetes de presunta droga en Baní; apresan dos personas
𝐏𝐞𝐫𝐚𝐯𝐢𝐚, 𝐑.𝐃. 𝐋𝐚 𝐃𝐢𝐫𝐞𝐜𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐍𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥 𝐝𝐞 𝐂𝐨𝐧𝐭𝐫𝐨𝐥 𝐝𝐞 𝐃𝐫𝐨𝐠𝐚𝐬 (𝐃𝐍𝐂𝐃), 𝐞𝐧 𝐜𝐨𝐨𝐫𝐝𝐢𝐧𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐜𝐨𝐧 𝐨𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐚𝐠𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚𝐬, 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐫𝐯𝐢𝐧𝐨 𝐮𝐧 𝐜𝐚𝐫𝐠𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝟏,𝟕𝟒𝟑 𝐩𝐚𝐪𝐮𝐞𝐭𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐩𝐫𝐞𝐬𝐮𝐧𝐭𝐚 𝐦𝐚𝐫𝐢𝐡𝐮𝐚𝐧𝐚 𝐲