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El evento ocurre apenas tres meses despuรฉs del apagรณn general del 11 de noviembre de 2025, lo que refuerza la percepciรณn de que persisten vulnerabilidades estructurales que no han sido corregidas de fondo.
Segรบn los reportes oficiales, el Sistema Elรฉctrico Nacional Interconectado (SENI) comenzรณ a presentar una caรญda progresiva en horas de la maรฑana hasta producirse un colapso casi total cerca del mediodรญa. Mรกs de 2,500 megavatios salieron de generaciรณn, provocando interrupciones que impactaron el transporte, comercios y servicios pรบblicos. El Metro de Santo Domingo, por ejemplo, tuvo que suspender temporalmente sus operaciones, mientras en distintas ciudades se reportaron fallas de semรกforos y trastornos en la actividad productiva.
Las autoridades atribuyeron la situaciรณn a una โfalla mayorโ en el sistema y activaron los protocolos de recuperaciรณn. Sin embargo, la reposiciรณn del servicio no fue inmediata ni uniforme. Durante la tarde se informรณ que solo una parte del sistema habรญa sido recuperada y que la normalizaciรณn se realizarรญa de manera gradual por circuitos. Hasta la noche del lunes no se comunicรณ una hora รบnica oficial de restablecimiento total a nivel nacional; la recuperaciรณn fue progresiva y se extendiรณ durante horas nocturnas.
Lo mรกs preocupante es que este no es un hecho aislado. El paรญs ya habรญa sufrido un apagรณn nacional el 11 de noviembre de 2025, cuando una averรญa en una subestaciรณn de transmisiรณn provocรณ la salida simultรกnea de varias plantas y desencadenรณ un efecto en cascada que dejรณ sin energรญa a todo el territorio. Aquel evento tambiรฉn paralizรณ el Metro, el telefรฉrico y el trรกnsito en el Gran Santo Domingo.
Que dos fallas de gran magnitud ocurran en menos de cuatro meses deberรญa encender todas las alarmas. La repeticiรณn sugiere que el sistema interconectado sigue siendo altamente vulnerable a eventos crรญticos y que las redundancias existentes no son suficientes para evitar colapsos en cadena. En un paรญs que apuesta al crecimiento econรณmico y a la atracciรณn de inversiones, la estabilidad elรฉctrica es un pilar bรกsico, no un objetivo secundario.
Cada blackout tiene un costo real: pรฉrdidas para comercios e industrias, interrupciones en servicios esenciales, daรฑos a equipos y un aumento de la incertidumbre ciudadana. Sin embargo, la respuesta oficial continรบa siendo mayormente reactiva, centrada en explicar la falla despuรฉs de ocurrida, mรกs que en presentar pรบblicamente un plan robusto de prevenciรณn.
Aunque en los รบltimos aรฑos se ha ampliado la capacidad de generaciรณn, el propio sector elรฉctrico reconoce que persisten debilidades en transmisiรณn y distribuciรณn, asรญ como pรฉrdidas elevadas en las redes. Estos factores siguen presionando la calidad y confiabilidad del servicio.
El nuevo apagรณn deberรญa servir como punto de inflexiรณn. La poblaciรณn necesita mรกs que explicaciones tรฉcnicas tras cada evento: requiere transparencia, inversiรณn focalizada y un plan claro de fortalecimiento del sistema elรฉctrico. De lo contrario, la Repรบblica Dominicana corre el riesgo de normalizar lo que deberรญa ser inaceptable: que, cuando mรกs se necesita la energรญa, el paรญs vuelva a quedarse a oscuras.
