𝐏𝐞𝐫𝐚𝐯𝐢𝐚, 𝐑.𝐃.
𝐋𝐚𝐬 𝐝𝐞𝐧𝐮𝐧𝐜𝐢𝐚𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐩𝐫𝐞𝐬𝐮𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐚𝐛𝐮𝐬𝐨𝐬 𝐩𝐨𝐥𝐢𝐜𝐢𝐚𝐥𝐞𝐬 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐑𝐞𝐩𝐮́𝐛𝐥𝐢𝐜𝐚 𝐃𝐨𝐦𝐢𝐧𝐢𝐜𝐚𝐧𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐢𝐧𝐮́𝐚𝐧 𝐠𝐞𝐧𝐞𝐫𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐩𝐫𝐞𝐨𝐜𝐮𝐩𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧, 𝐞𝐯𝐢𝐝𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐮𝐧 𝐦𝐚𝐫𝐜𝐚𝐝𝐨 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐫𝐚𝐬𝐭𝐞 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐞𝐬𝐟𝐮𝐞𝐫𝐳𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐫𝐞𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐢𝐧𝐬𝐭𝐢𝐭𝐮𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥 𝐲 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐚𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐧𝐟𝐫𝐞𝐧𝐭𝐚𝐧 𝐜𝐢𝐮𝐝𝐚𝐝𝐚𝐧𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐚𝐬𝐞𝐠𝐮𝐫𝐚𝐧 𝐬𝐞𝐫 𝐯𝐢́𝐜𝐭𝐢𝐦𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐞𝐱𝐜𝐞𝐬𝐨𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐞 𝐝𝐞 𝐚𝐠𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐨𝐫𝐝𝐞𝐧.
En medio de los esfuerzos por impulsar una transformación profunda en la institución del orden, continúan saliendo a la luz denuncias de presuntos abusos policiales que reflejan una preocupante brecha entre la reforma planteada y la realidad que viven muchos ciudadanos en la República Dominicana.
Uno de estos casos es el del joven Estiben Percel, residente en la comunidad de Río Arriba, quien asegura haber sido víctima de agresión física y abuso de autoridad por parte de agentes policiales el pasado martes.
Según su testimonio, todo inició cuando dos agentes le retuvieron su motocicleta, la cual se encontraba estacionada frente a su vivienda tras regresar de su jornada laboral. Percel explicó que la única razón que le ofrecieron los uniformados fue la supuesta falta de guardalodos en el vehículo.
El joven destacó que en ningún momento le fue solicitada la documentación correspondiente, la cual, según afirma, mantiene al día. Al expresar su inconformidad por la acción y luego de que le arrebataran la llave de su motocicleta, asegura que fue golpeado por los agentes y posteriormente detenido.
Percel también denunció que durante el tiempo en que permaneció bajo custodia, le fue sustraído dinero en efectivo de su cartera, lo que agrava aún más la situación que describe como un acto de abuso y vulneración de sus derechos.
Este caso se suma a otros hechos recientes que han generado indignación en la opinión pública, como el protagonizado por el coronel Fausto Madé, acusado de agredir físicamente a la joven Charlizze Altagracia Hernández, de 19 años, a quien golpeó y haló por el cabello en un incidente que quedó registrado en cámaras. Por este hecho, las autoridades judiciales le impusieron tres meses de prisión preventiva, marcando un precedente en medio de crecientes exigencias de justicia.
Ambos casos ponen en evidencia el contraste entre los esfuerzos de reforma policial impulsados por el gobierno y la percepción ciudadana, que sigue marcada por el temor y la desconfianza.
El presidente ha reiterado en múltiples ocasiones su compromiso con la transformación de la Policía Nacional, con el objetivo de garantizar una institución más profesional, transparente y respetuosa de los derechos humanos. Sin embargo, para muchos ciudadanos, estos cambios aún no se reflejan en su experiencia cotidiana.
En barrios y comunidades, el sentimiento es cada vez más evidente: quienes deberían garantizar la seguridad, en ocasiones son percibidos como una amenaza.
La pregunta que queda en el aire es si la reforma logrará trascender el discurso para convertirse en una realidad palpable que devuelva la confianza a una ciudadanía que hoy, más que protegida, se siente vulnerable.
