𝐏𝐞𝐫𝐚𝐯𝐢𝐚, 𝐑.𝐃.
𝐀𝐧𝐭𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐦𝐮́𝐥𝐭𝐢𝐩𝐥𝐞𝐬 𝐚𝐜𝐜𝐢𝐝𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐭𝐫𝐚́𝐧𝐬𝐢𝐭𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐫𝐞𝐠𝐢𝐬𝐭𝐫𝐚𝐫𝐨𝐧 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐦𝐮𝐧𝐢𝐜𝐢𝐩𝐢𝐨 𝐁𝐚𝐧𝐢́ 𝐝𝐮𝐫𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐥𝐚 𝐩𝐚𝐬𝐚𝐝𝐚 𝐬𝐞𝐦𝐚𝐧𝐚, 𝐡𝐚 𝐪𝐮𝐞𝐝𝐚𝐝𝐨 𝐞𝐧 𝐞𝐯𝐢𝐝𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐥 𝐩𝐫𝐨𝐛𝐥𝐞𝐦𝐚 𝐧𝐨 𝐫𝐚𝐝𝐢𝐜𝐚 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐜𝐚𝐫𝐫𝐞𝐭𝐞𝐫𝐚, 𝐬𝐢𝐧𝐨 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐢𝐦𝐩𝐫𝐮𝐝𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐮𝐜𝐭𝐨𝐫𝐞𝐬.
Durante las últimas horas, la conversación pública ha vuelto a girar en torno a la seguridad vial en la circunvalación de Baní. Sin embargo, un análisis objetivo de los hechos recientes obliga a poner el foco donde realmente corresponde: en la conducta de quienes se desplazan por esta importante vía.
A lo largo de la semana se han registrado varios accidentes en la carretera Sánchez, principalmente a la altura del distrito municipal Paya, la comunidad de Escondido y la circunvalación Baní.
El caso más doloroso ocurrió ayer domingo, cuando dos vehículos colisionaron de frente, dejando un saldo de dos personas fallecidas y cinco heridas.
Más allá del impacto emocional que provoca esta tragedia, hay un elemento técnico que no puede ignorarse: en el tramo donde ocurrió el choque existen rayas amarillas paralelas continuas, lo que indica de manera inequívoca que está prohibido rebasar.
Este detalle es crucial. Cuando la señalización horizontal es clara y visible, y aun así se produce un choque frontal, la responsabilidad difícilmente puede atribuirse a la vía. Por el contrario, apunta directamente a una violación de las normas de tránsito, es decir, a una maniobra imprudente.
En este contexto, resulta simplista, y hasta riesgoso, colocar la culpa sobre la circunvalación de Baní. Las carreteras pueden y deben mejorarse continuamente, pero ninguna obra de ingeniería puede sustituir la prudencia, el respeto a las señales ni la responsabilidad individual al conducir.
De hecho, la experiencia demuestra que ampliar carriles por sí solo no elimina la siniestralidad. No importa si la vía se construye a cuatro o seis carriles: mientras persistan el exceso de velocidad, los rebases indebidos y la conducción temeraria, los accidentes seguirán ocurriendo. La seguridad vial es, ante todo, una cuestión de comportamiento humano.
Esto no significa que la infraestructura no deba perfeccionarse. Un aspecto que sí merece atención es la iluminación de la circunvalación, una necesidad señalada por conductores y comunitarios. En ese sentido, es positivo que ya se hayan anunciado trabajos para mejorar este componente, lo que contribuirá a reforzar la visibilidad nocturna y, por ende, las condiciones de seguridad.
Sin embargo, incluso con una iluminación óptima y una vía ampliada, el factor decisivo seguirá siendo la conciencia ciudadana. La reducción real de los accidentes dependerá de que los conductores comprendan que cada raya amarilla, cada señal y cada límite de velocidad existen para salvar vidas.
Hoy más que nunca se impone un llamado firme a la prudencia. La circunvalación de Baní no es, por sí sola, la responsable de las tragedias que se han registrado. El verdadero desafío está en cambiar la cultura de manejo.
Hasta que como sociedad no asumamos la conducción con responsabilidad, respeto y sentido de preservación de la vida, lamentablemente estos hechos continuarán repitiéndose en nuestras carreteras. La obra puede mejorar; la conciencia, también debe hacerlo.
