Para alcanzar el objetivo propuesto hay que evaluar cómo lo podemos lograr, y cuáles serán las estrategias a utilizar para superar los obstáculos que irremediablemente se habrán de presentar. Así debe ocurrir en todos los procesos donde, se presume que los actores que intervienen, persiguen iguales propósitos. El hecho de que se haya avanzado en una alianza estratégica entre el liderazgo político de oposición es una señal de avance, de superación y madurez reflexiva, que presagia el éxito en la mayoría de las provincias del país.
Cuando nos detenemos a evaluar las debilidades que han influido para que las propuestas políticas alternativas no hayan podido avanzar en el escenario electoral, encontramos como escollo principal, el individualismo que sin diferencias concretas, ha propiciado el antagonismo en sectores políticos que debían marchar unidos.
Ahora que se abren las puertas de la unidad, que se comienzan a presentar señales positivas que apuntan a definir el panorama electoral, donde – de un lado- está el partido oficial con sus aliados, y del otro lado la alianza opositora que busca tomar espacios en el Congreso y los ayuntamientos, es una muestra de lo que decimos.
Es decir, que en la actual coyuntura política, más allá de las barreras ideológicas, es una necesidad priorizar en la unidad, como alternativa para afianzar los valores democráticos. De ahí la visión de quienes asumen su rol, elevando la bandera del diálogo, deponiendo actitudes intransigentes y beligerantes, abiertos a escuchar para producir los cambios estructurales que todos deseamos. Sólo la unidad de los sectores políticos, económicos y sociales, marcará el avance de la sociedad dominicana.