¿EN QUÉ ESTAMOS CON EL ASFALTADO?

La pregunta no es casual ni tampoco se inscribe en el gadejo politiquero. Es una interrogante que parte de una necesidad que no resisten más los moradores de la zona norte de la ciudad. Para nadie es un secreto que la imagen palpable del atraso se evidencia en el deterioro de las calles de un barrio.

Sin embargo, más allá de la imagen deplorable que se refleja, están las consecuencias que se desprenden de las inhóspitas condiciones de las vías donde conviven miles de ciudadanos expuestos a contraer enfermedades respiratorias, a sufrir las consecuencias del polvo, y por igual, el dolor de cabeza de conductores que ven destartalar sus vehículos sin que nadie les responda.

Es por esas razones que un programa de asfalto se constituye en una fiesta, una oportunidad para cambiar de vida, asumiendo que dejarán atrás la marginalidad social que limita el desarrollo de las comunidades intervenidas.

De ahí la alegría que sienten los comunitarios cuando se pone en marcha un programa de asfalto. Lo penoso ha sido que estos anuncios por tradición llegaban en momentos de campañas electorales que servían de catapulta a candidatos impopulares.

Es por esa razón que nuestra población valoró y aplaudió el hecho de que el referido programa llegó a Baní en momentos en que iniciaba la gestión de gobierno del presidente Luis Abinader, dando muestras de un cambio en la forma de dirigir la gestión pública.

Obviamente, desde el anuncio salieron a relucir las debilidades del sistema cloacal, de las redes de distribución de agua con las fugas denunciadas en múltiples calles, y otros elementos que limitaban tirar el asfalto. Sin embargo, el tiempo pasa y muchos barrios y comunidades continúan esperando, y a dos años no vislumbran una cubeta de asfalto para poner fin al calvario que viven desde la fundación del barrio donde moran y sueñan con el anhelado cambio. Es el clamor del dirigente comunitario José Ortíz, del sector norte, donde aún esperan que sea debidamente asfaltada la principal vía que conecta con las comunidades de Villa Güera y La Montería. Ni hablar de las calles de la generalidad de nuestros barrios que están en condiciones deplorables.

A todo esto, esperamos una información a la población que se debate en la desesperanza y la fe en que serán asfaltadas sus calles. Entonces, la respuesta, al igual que la solución está en manos de las autoridades.

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