Desde que tenemos uso de razón los banilejos venimos escuchando la retorcida expresión, casi cierta, que da cuenta del pobre afán de progreso de ciertos individuos que han tenido la oportunidad de representarnos como autoridades al servicio del Estado. Según el anecdotario popular en la Era de Trujillo existió una figura política que repetía hasta el cansancio que en Baní todo estaba bien, y que el único que estaba mal era él. Fue así como fuimos perdiendo oportunidades de desarrollo, relegando las construcciones de obras que hasta hoy son joyas de la arquitectura nacional como el caso del hotel Maguana, en la hermana provincia de San Juan de la Maguana, entre otras obras de relevancia. Es en esas circunstancias que apelamos al espíritu de progreso que mostraron los fundadores de nuestro pueblo, los que creyeron en el potencial del esfuerzo colectivo y asumieron el reto de levantar las bases de una ciudad con su propio sello de identidad. Sin embargo, con el paso del tiempo, como una contradicción inexplicable, aún persiste en muchos munícipes el enconado espíritu del “opositor a todo”. Así vemos cómo figuras connotadas del ámbito profesional plantean sin rubor su oposición a la apertura de caminos de herradura en la zona cafetalera. En contradicción frontal con las políticas de desarrollo que han sido aplicadas en comunidades hermanas. Obviamente, los que se oponen a todo no han vivido de cerca la frustración de miles de campesinos cuando ven perder sus cultivos por falta de caminos. No saben ni imaginan los suplicios que confrontan en la zona montañosa cuando deben bajar a un enfermo en litera por falta de carretera. No han vivido la amarga experiencia de no poder sofocar a tiempo un incendio porque es imposible penetrar a la zona. Y ni pensar en las perdidas millonarias que se repiten cada año por igual motivo. Entre tanto, el presidente de la República está empeñado en abrir caminos. Y esto lo decimos porque acaba de disponer de 300 millones de pesos para construir la carretera del Pinar en San José de Ocoa. Y si paseamos por todas las montañas ocoeñas viviremos de cerca la misma escena: todas las carreteras y caminos están debidamente asfaltados. Mientras que de este lado no contamos con un sólo tramo asfaltado. ¿Qué ha pasado? Que los funcionarios que supuestamente han ido a representar al pueblo no han querido trabajar para el progreso y desarrollo de la provincia. Por culpa de ellos, y de un pequeño grupo que se opone a todo, estamos como estamos. Sin un metro de caminos asfaltados, no solo en el trayecto hacia las montañas, sino que tampoco se han asfaltado los caminos hacia las playas de la provincia Peravia. Y todo gracias a ellos, a los opositores compulsivos, los que siempre tienen un motivo para castrar el futuro.
Áridos Manaclar reconstruye vivienda a madre afectada por incendio en Santa Rosa
𝐏𝐞𝐫𝐚𝐯𝐢𝐚, 𝐑.𝐃. 𝐔𝐧𝐚 𝐟𝐚𝐦𝐢𝐥𝐢𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐬𝐞𝐜𝐭𝐨𝐫 𝐒𝐚𝐧𝐭𝐚 𝐑𝐨𝐬𝐚 𝐫𝐞𝐜𝐢𝐛𝐢𝐨́ 𝐚𝐩𝐨𝐲𝐨 𝐬𝐨𝐥𝐢𝐝𝐚𝐫𝐢𝐨 𝐥𝐮𝐞𝐠𝐨 𝐝𝐞 𝐩𝐞𝐫𝐝𝐞𝐫 𝐬𝐮 𝐡𝐨𝐠𝐚𝐫 𝐞𝐧 𝐮𝐧 𝐢𝐧𝐜𝐞𝐧𝐝𝐢𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐚 𝐝𝐞𝐣𝐨́ 𝐞𝐧 𝐭𝐨𝐭𝐚𝐥 𝐯𝐮𝐥𝐧𝐞𝐫𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝.