La historia de los juegos de azar inició con la creación de la Lotería Nacional el 24 de octubre de 1882 por el sacerdote, educador y filántropo, Francisco Xavier Billini. Y todo por un fin positivo. El dinero recaudado era utilizado estrictamente para labores de beneficencia. El Padre Billini necesitaba recursos para mantener sus obras de caridad, socorrer a los pobres, enfermos, viudas, ancianos y niños huérfanos. Luego con el paso del tiempo los gobiernos fueron agregando las construcciones de obras de interés social, apoyo al arte, la cultura y el deporte. Los domingos, en cada rincón del territorio nacional se escuchaba la Lotería. Sin embargo, un día cualquiera, despertamos con el país inundado de loterías, sin importar las consecuencias que esta apertura acarrearía. Hoy día, la población dominicana vive atrapada entre las garras de decenas de loterías que se despachan a cualquier hora del día sin limitar la distancia que deberían tener los puntos de encuentros para realizar apuestas. Y es que ahora, además de las bancas de lotería contamos con otros espacios como casinos, juegos de máquinas tragamonedas, bancas de apuestas deportivas, agencias hípicas, sorteos de la Lotería Nacional y las llamadas loterías electrónicas con sus diversas modalidades. Pero además se agregan apuestas por internet, bingos tradicionales y electrónicos, incluyendo las famosas rifas benéficas y no benéficas. Partiendo de esa realidad valoramos los esfuerzos por regular los juegos de azar en el territorio nacional. El Senado de la República aprobó ayer el procedimiento legislativo de un proyecto que busca regular el desarrollo de los juegos de azar. Ahora le tocará al presidente Abinader decidir si la pieza será promulgada para entrar en vigencia. En uno de los artículos se establece que ninguna persona, luego que la ley sea promulgada, podrá instalar juegos de azar durante un período de 10 años. Al mismo tiempo se crea la Dirección General de Juegos de Azar como institución adscrita al Ministerio de Economía y Hacienda, con la encomienda de fiscalizar y supervisar lo relacionado con esos negocios. Son muchas las regulaciones contenidas en la ley, pero de nada vale regular si al final todo sigue igual, con la misma cantidad de loterías difundiendo sus sorteos por los medios de comunicación, motivando el juego, la vagancia, el ocio y la corrupción en un país donde los padres envían a los niños a las bancas con sus listas de encargos. La realidad es cruel: con ley o sin ley, la población dominicana está condenada a cifrar sus esperanzas en un golpe de suerte, mientras hacen cada vez más ricos a los señores dueños de negocios lúdicos que se nutren de los sueños de los más pobres…
JUEGOS PERVERSOS…
La historia de los juegos de azar inició con la creación de la Lotería Nacional el 24 de octubre de 1882 por el sacerdote, educador