𝐏𝐞𝐫𝐚𝐯𝐢𝐚, 𝐑.𝐃.
𝐄𝐥 𝐠𝐨𝐛𝐢𝐞𝐫𝐧𝐨 𝐜𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚𝐥 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐝𝐞𝐬𝐝𝐞 𝐡𝐚𝐜𝐞 𝐝𝐞́𝐜𝐚𝐝𝐚𝐬 𝐮𝐧𝐚 𝐝𝐞𝐮𝐝𝐚 𝐩𝐞𝐧𝐝𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐧 𝐥𝐚 𝐩𝐫𝐨𝐯𝐢𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐏𝐞𝐫𝐚𝐯𝐢𝐚, 𝐲 𝐞𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐝𝐞𝐦𝐚𝐫𝐜𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐧𝐞𝐜𝐞𝐬𝐢𝐭𝐚 𝐜𝐨𝐧 𝐮𝐫𝐠𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐮𝐧𝐚 𝐔𝐧𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐢𝐬 𝐝𝐞 𝐒𝐚𝐥𝐮𝐝 𝐌𝐞𝐧𝐭𝐚𝐥.
La provincia Peravia vive desde hace años una situación que, aunque muchos prefieren ignorar, se ha convertido en un problema urgente de salud, convivencia y seguridad ciudadana: el creciente número de personas con trastornos mentales severos que deambulan por nuestras calles sin control, sin tratamiento y sin acompañamiento familiar.
No se trata solo de una imagen de abandono; se trata de una realidad que a diario se manifiesta en episodios preocupantes. Estas personas, sin acceso a la atención que necesitan, pueden mostrarse desorientadas, realizar sus necesidades fisiológicas en espacios públicos y, en algunos casos, presentar conductas agresivas producto de su condición. Todo esto los expone no solo al rechazo o al maltrato, sino también a situaciones que pueden terminar en tragedia.
De hecho, esta misma semana Peravia fue escenario de un hecho lamentable que ha consternado a la comunidad. Un hombre con trastornos mentales habría estado forcejeando con una señora en plena vía pública. En un intento desesperado por defenderla, su padre intervino, se produjo un enfrentamiento y terminó asestándole varias estocadas al individuo, quien lamentablemente falleció. Ahora, ese padre, que se presume actuó movido por el temor y la desesperación, enfrenta prisión preventiva.
Un desenlace doloroso para todos los involucrados y un recordatorio estremecedor de la magnitud del problema.
Este tipo de situaciones no deberían ocurrir. No podemos seguir normalizando que personas en crisis vivan expuestas en las calles, sin supervisión ni tratamiento, convirtiéndose ellos mismos en víctimas de un sistema que no tiene las herramientas suficientes para intervenir en el momento crítico.
Y es aquí donde se vuelve indispensable la creación de una Unidad de Crisis de Salud Mental en Peravia. Una estructura especializada que permita una intervención inmediata, profesional y humanitaria cuando un paciente entra en un episodio agudo. Un lugar donde se pueda estabilizar, proteger y canalizar adecuadamente a quienes hoy vagan sin rumbo.
Es justo reconocer que la DPS Peravia cuenta con un programa activo de salud mental, y que el hospital Nuestra Señora de Regla dispone de una psiquiatra que ofrece atención especializada. Estas iniciativas son valiosas y reflejan compromiso. Sin embargo, enfrentan una barrera importante: para que un paciente ingrese al programa debe estar dispuesto a recibir ayuda y contar con un acompañamiento familiar.
Pero la mayoría de las personas que vemos deambulando por las calles no tienen familia, han sido olvidadas por ella, o no están en condiciones de aceptar tratamiento por sí mismas. En esos casos, los programas regulares no son suficientes.
Por eso es fundamental que desde el Gobierno central se impulse, con voluntad y rapidez, la instalación de una Unidad de Crisis en nuestra provincia. Una institución capaz de actuar donde las estructuras tradicionales no pueden: en la urgencia, en la calle, y en favor de quienes están completamente solos.
No se trata solo de mejorar la seguridad o la convivencia. Se trata de garantizar dignidad, prevención, humanidad y protección para todos: para los pacientes, para sus familias, para los ciudadanos, y para quienes hoy se ven obligados a enfrentar situaciones que jamás debieron escalar.
Peravia merece una respuesta contundente. Y nuestros ciudadanos más vulnerables, también.
