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En polรญtica, el momento oportuno lo es todo, y el reciente episodio protagonizado por el Pleno de la Cรกmara de Cuentas pasarรก a la historia como un manual de lo que no se debe hacer en tiempos de crisis. Aprobarse un aumento de sueldos y beneficios de un 50%, que elevarรญa los salarios de sus miembros a mรกs de 635,000 pesos mensuales, no es solo un acto de desconexiรณn con la gente, es un desafรญo directo a la prudencia que el paรญs entero intenta mantener.
La indignaciรณn que obligรณ al organismo a dar “marcha atrรกs” no fue un capricho ciudadano; fue una respuesta lรณgica ante la falta de coherencia institucional. Resulta inaceptable que el รณrgano encargado de vigilar el uso del dinero pรบblico sea el primero en dar un ejemplo de gasto excesivo.
Aunque intentaron justificar la decisiรณn, la realidad es que el paรญs recibiรณ un mensaje claro: โbeneficios para los de arriba mientras se pide sacrificio a los de abajoโ.
Este intento de “fiesta” con el presupuesto ocurriรณ en el peor escenario posible. El presidente Luis Abinader ha sido muy claro en su llamado a la austeridad y disciplina fiscal. Este llamado no es por gusto, sino por una urgencia nacional debido a que la economรญa dominicana estรก bajo la presiรณn de un mundo en conflicto, especialmente por la tensiรณn bรฉlica entre Estados Unidos e Irรกn.
El conflicto en el Medio Oriente (Irรกn) ha disparado el precio del petrรณleo. Como Repรบblica Dominicana importa todo su combustible, cada vez que el barril sube, el paรญs tiene que gastar millones de dรณlares extra que no estaban planificados.
Para que la gasolina y la comida no suban de precio de forma descontrolada, el Gobierno estรก usando miles de millones de pesos para “aguantar” esos precios. Ese dinero sale del mismo bolsillo del Estado que la Cรกmara de Cuentas pretendรญa usar para sus aumentos.
La inestabilidad entre potencias afecta el transporte de mercancรญas y el costo de los fertilizantes para nuestros agricultores.
En este contexto, donde se le pide al pueblo dominicano prepararse para “tiempos difรญciles”, que los directivos de la Cรกmara de Cuentas hayan intentado servirse con la cuchara grande es una falta de respeto al trabajador dominicano.
Si bien la medida se cancelรณ tras la presiรณn pรบblica, el daรฑo a la confianza ya estรก hecho. El paรญs no necesita funcionarios que se arrepientan solo porque los descubrieron; necesita servidores pรบblicos que entiendan que, cuando hay guerra y el petrรณleo estรก caro, el ahorro debe empezar por la casa de quienes nos vigilan.
