Río Nizao: entre la riqueza que produce y el precio de sostenerla

Del río Nizao dependen agua, energía, agricultura y comunidades de buena parte del sur. Pero las presiones que atraviesan su cuenca amenazan el equilibrio de un sistema del que miles de personas dependen cada día.

Durante décadas, las crecientes del río Nizao eran un acontecimiento. Cuando el agua bajaba con fuerza, vecinos de la comunidad se acercaban a la orilla simplemente para mirar. Octavio Franco —uno de los residentes de mayor edad de la zona— recuerda un río donde se pescaba, se nadaba y donde, en determinados momentos, la corriente era capaz de impedir el paso entre comunidades.

En su memoria permanecen los domingos junto al agua, las temporadas de Semana Santa, los peces que podían atraparse cerca de las orillas y un cauce que, asegura, no tenía los grandes hoyos ni las alteraciones que hoy observa.

“Antes los pescados se salían del río y nosotros los agarrábamos en las orillas”.

— Octavio Franco

Octavio Franco, residente de Nizao durante entrevista para este reportaje
Octavio Franco recuerda un Nizao de mayor caudal y abundante pesca, muy distinto al rio que observa hoy Foto: Luisana Lora

La imagen que conserva contrasta con su descripción del presente. El mismo hombre que vio crecer el Nizao hasta llevarse puentes y obligar a los vecinos a buscar rutas alternativas resume hoy el cambio con una frase sencilla: “Uno no halla ni dónde bañarse”.

Pero el Nizao es mucho más que el río que Octavio Franco recuerda.

Desde las montañas de la Cordillera Central hasta su desembocadura en el mar Caribe, sus aguas alimentan un sistema de presas, canales de riego, tierras agrícolas, acueductos y centrales hidroeléctricas. De él dependen alimentos, energía, abastecimiento humano y actividades económicas que trascienden ampliamente las comunidades asentadas junto a su cauce. El productor Héctor Turbí lo resume de otra manera: del Nizao depende, “en gran parte, la vida de esta provincia y de otras provincias”.

Visita al río Nizao, donde se observan áreas de bajo caudal, vegetación y residuos en sus márgenes.
Tramo del río Nizao el bajo nivel del agua deja expuestas amplias áreas del cauce. Foto: Luisana Lora

Esa dependencia encierra la contradicción que recorre esta historia: mientras más necesita el desarrollo del Nizao, mayor es el costo de permitir que se deteriore.

El río Nizao: mucho más grande que su cauce

La memoria de Octavio Franco retrata el Nizao desde sus orillas. Pero para comprender por qué su transformación importa mucho más allá de quienes viven junto al río hay que seguir el agua en sentido contrario: hacia la montaña donde comienza el sistema que la produce y almacena.

El Nizao conecta territorios y funciones que a simple vista parecen separados. En la cuenca alta se captan los escurrimientos que alimentan el río; aguas abajo, esa agua atraviesa un sistema de presas y embalses, abastece acueductos, genera electricidad y llega, mediante canales, hasta tierras agrícolas de Peravia y otras zonas.

El Nizao en cifras
La dimensión de una cuenca estratégica
Una radiografía básica de la cuenca hidrográfica del río Nizao.
1,039.84 km²
Superficie de la cuenca
9
Subcuencas
10
Municipios
4
Provincias
7
Zonas de vida
Fuente: Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

Joaquín Bautista, ambientalista y exdirector provincial de Medio Ambiente, plantea que esa dimensión obliga a mirar el Nizao como una sola unidad compuesta por cuenca alta, media y baja. Lo que sucede en una parte del sistema termina repercutiendo en las demás.

En las zonas montañosas comienza buena parte de ese recorrido. Allí se captan las aguas que posteriormente llegan a infraestructuras como Jigüey, Aguacate, Valdesia y el contraembalse Las Barías. Desde este último se alimenta el canal Marcos A. Cabral, una de las principales vías de distribución para el riego agrícola de la región.

Por eso, para Joaquín Bautista, conservar la parte alta no es únicamente una tarea ambiental. Es proteger la fuente que mantiene funcionando el resto del sistema.

“Esa es la gran cuenca que hay que preservar, que hay que cuidar, que hay que fomentar, porque es donde están los escurrimientos de las aguas que alimentan esas fuentes de agua”, sostiene Bautista.

La dimensión económica del sistema se hace más evidente cuando el agua llega a los campos. Héctor Turbí, productor agrícola y conocedor de la problemática ambiental del Nizao, estima que más de 50,000 tareas de tierra reciben riego a través del canal Marcos A. Cabral, del que dependen cultivos como mango, plátano, hortalizas y cebolla.

El alcance del río, según Turbí, va mucho más allá de la agricultura. Sus aguas también contribuyen al abastecimiento humano en Peravia, San Cristóbal y el Gran Santo Domingo y sostienen parte de la generación hidroeléctrica del sistema. El productor sitúa en alrededor de 200 megavatios la capacidad de generación asociada a las infraestructuras del Nizao.

Y esa multiplicidad explica por qué cualquier alteración de la cuenca rebasa rápidamente el ámbito ambiental. Cuando disminuye el caudal, se degrada el cauce o se pierde capacidad de captación en la montaña, las consecuencias pueden terminar apareciendo en una parcela agrícola, una presa, un sistema de abastecimiento o una comunidad localizada kilómetros más abajo.

Freddy Montero, director provincial de Medio Ambiente en Peravia, identifica precisamente la extracción de materiales en la cuenca baja como uno de los principales desafíos ambientales actuales y advierte sobre la pérdida de biodiversidad asociada al deterioro del río.

Es ahí donde la importancia económica del Nizao choca con su vulnerabilidad ambiental.

Y donde comienza la otra cara de esta historia.

El río en movimiento
Nizao, una cuenca que mueve agua, alimentos y energía

⛰️ Cuenca alta

Captación de humedad y escurrimientos
💧 Presas y embalses
Jigüey → Aguacate → Valdesia → Las Barías
↗️ Distribución
Canal Marcos A. Cabral, acueductos e infraestructura hidroeléctrica
Tres funciones esenciales
🚰 Agua — abastecimiento humano
🌱 Alimentos — riego y producción agrícola
Energía — generación hidroeléctrica
Lo que ocurre en una parte de la cuenca termina repercutiendo en las demás.

La factura ambiental del Río Nizao

El aprovechamiento del río Nizao tiene otra cara.

Al descender hacia la cuenca baja, el paisaje deja atrás la lógica de presas, canales y generación eléctrica y entra en un territorio donde el cauce ha soportado durante años otra presión: la extracción de materiales de construcción.

Joaquín Bautista conoce ese problema desde dentro de la administración ambiental. Cuando asumió la Dirección Provincial de Medio Ambiente, recuerda que ya existían disposiciones para suspender operaciones de algunas granceras localizadas en las inmediaciones del Nizao. Pero encontró una dificultad que iba más allá de las órdenes administrativas: la capacidad de vigilancia era considerablemente menor que la extensión del territorio que debía protegerse.

“Era insostenible una efectiva y real protección desde la provincia Peravia”, sostiene Bautista.

Según relata, la dirección provincial llegó a enfrentar esa responsabilidad con pocos militares y un solo vehículo, mientras el material extraído tenía como principal destino el mercado de Santo Domingo.

Tramo del río Nizao con amplias áreas del cauce cubiertas de piedras y vegetación.
Amplias áreas del cauce del río Nizao permanecen expuestas en un tramo afectado históricamente por la extracción de materiales. Foto: Luisana Lora

Años después, las autoridades aseguran que se han producido avances, aunque el problema no ha desaparecido. Freddy Montero, director provincial de Medio Ambiente en Peravia, estima que la extracción indiscriminada de materiales se ha reducido alrededor de un 60 %. La cifra corresponde a la valoración ofrecida por el funcionario, mientras la propia institución continúa identificando esta actividad entre los principales problemas ambientales de la cuenca.

Montero reconoce, sin embargo, que contener las operaciones ilegales sigue siendo complejo. Explica que la supervisión se realiza mediante monitoreo con apoyo militar, pero advierte que muchas de estas actividades ocurren durante la noche y que las labores de control pueden generar enfrentamientos con pobladores. Tras la declaratoria de emergencia ambiental, afirma que se reforzó la vigilancia y se redujo el otorgamiento de permisos ambientales para extracción en cantera seca.

La magnitud del problema incluso ha obligado a coordinar acciones entre Peravia, San Cristóbal y Santo Domingo.

Pero la extracción de agregados no explica por sí sola la transformación del Nizao.

Héctor Turbí identifica una combinación de presiones que actúan sobre distintos puntos de la cuenca: reducción del caudal, degradación del cauce, deforestación, extracción de materiales, acumulación de plásticos, vertederos improvisados y períodos de sequía.

En la comunidad de Nizao, Ingrid Paulino aporta la perspectiva de quienes han denunciado esas transformaciones desde el territorio. Paulino asegura que todavía se producen extracciones próximas al río y describe pérdida de caudal y biodiversidad, además de obstrucciones en sistemas de irrigación. Según relata, el deterioro ha provocado protestas y ruedas de prensa comunitarias.

La pérdida de biodiversidad deja de ser una expresión técnica cuando habla Secundino Valdez, pescador con alrededor de cuatro décadas de experiencia en el río. En sus recuerdos, especies como la lisa, la tilapia y el morón formaban parte habitual de la pesca. Hoy asegura que prácticamente han desaparecido de ese tramo.

Secundino Valdez, pescador con alrededor de cuatro décadas de experiencia en el río Nizao
Secundino Valdez recuerda una época cuando especies como la lisa, la tilapia, y el moron formaban parte habitual de la pesca en el Nizao Foto: Luisana Lora

También ha cambiado lo que llega a las redes. Valdez describe peces más pequeños y capturas considerablemente menores que las de décadas atrás. “No es como antes”, resume.

Su memoria conserva además otra medida del deterioro: la profundidad. Señala lugares donde en otros tiempos podían lanzarse de cabeza al agua y bañarse durante horas; hoy observa esos mismos espacios con un nivel mucho más bajo. Para quien ha pasado buena parte de su vida pescando allí, la transformación del Nizao no necesita una estadística para hacerse visible.

La arena y los agregados tienen valor económico.
La agricultura también.
La electricidad también.
El agua potable también.

Pero todos esos aprovechamientos dependen de que el sistema natural conserve su capacidad de funcionar.

Las huellas más visibles del deterioro aparecen en el cauce, pero una parte de las presiones que comprometen el futuro del Nizao comienza mucho más arriba, donde la capacidad de la montaña para captar, infiltrar y regular el agua depende de la cobertura que todavía conserva.

Cuando el bosque deja de producir agua

Una de las transformaciones menos visibles de la cuenca ocurre lejos de las granceras y de las comunidades más pobladas.

Está montaña arriba.

Bautista recuerda el Plan de Jigüey como un territorio que antiguamente estuvo asociado a bosque húmedo y vegetación capaz de capturar la humedad transportada por las nubes.

Allí ocurre un fenómeno particularmente importante para la producción de agua: la llamada lluvia horizontal.

Cuando las nubes y la neblina atraviesan la vegetación, la humedad se condensa sobre las hojas y posteriormente cae al suelo. No hace falta una lluvia convencional para que el bosque capture agua.

Bautista recuerda que atravesar aquella zona podía terminar con la ropa mojada aun cuando no estuviera lloviendo.

Joaquin Bautista, ambientalista y ex director de medioambiente en Peravia.
Joaquín Bautista explica que conservación de la cuenca alta del Nizao es determinante para la captación e infiltración del agua Foto: Luisana Lora

Pero parte de aquella vegetación fue sustituida por pastos destinados a la ganadería.

El cambio parece sencillo:
árboles por hierba.
Hidrológicamente, no lo es.

Según explica el ambientalista, el pasto tiene una capacidad mucho menor para captar la humedad de las neblinas. A esto se suma el pisoteo del ganado, que compacta el suelo y dificulta la infiltración.

Entonces comienza una cadena:

menos cobertura boscosa → menor captación de humedad → menor infiltración → mayor escorrentía → erosión → sedimentos que terminan aguas abajo.

Frente al deterioro acumulado, la restauración aparece como otra pieza del desafío. Freddy Montero, director provincial de Medio Ambiente en Peravia, señala que existen áreas que requieren intervención prioritaria, entre ellas zonas donde fueron otorgados permisos ambientales para cantera seca bajo la modalidad de polígonos y que, según afirma, deben ser recuperadas o restauradas.

La Dirección Provincial también reporta acciones de reforestación en la cuenca con especies como caoba criolla, corazón de paloma, guatacán, mamón, algarrobo, flamboyán y roble.

Y aquello que ocurre silenciosamente en una montaña puede terminar afectando una presa, un canal agrícola o la disponibilidad futura de agua.

La sostenibilidad del Nizao, por tanto, no comienza cuando alguien abre una llave ni cuando un agricultor abre una compuerta de riego. Comienza donde cae —o se captura— la primera gota.

El agua empieza en la montaña
Cómo una montaña produce agua
🌳 Con cobertura boscosa
☁️ Nubes y neblina

🍃 Las hojas captan humedad

💧 Condensación

🌱 El agua llega al suelo

⬇️ Mayor infiltración

🌊 El agua alimenta el sistema hídrico aguas abajo
FRENTE A
🐄 Con pérdida de bosque y presión ganadera
🌿 Menor cobertura vegetal

💨 Menor captación de humedad

🐾 Compactación del suelo

↗️ Mayor escorrentía

⛰️ Erosión

🟫 Sedimentos que terminan aguas abajo
El cambio de cobertura en la montaña modifica la forma en que la cuenca capta, infiltra y conduce el agua.

Producir sin destruir: la salida posible

Después del deterioro, la pregunta inevitable es otra: ¿cómo seguir produciendo sin agotar el sistema natural que hace posible esa producción?

En Peravia, esa pregunta no es teórica. Se manifiesta en canales, tomas y parcelas donde cada turno de agua puede determinar el futuro de una cosecha.

En uno de los laterales vinculados al sistema de riego, José Alvino, distribuidor de agua, explica que la función de los regantes consiste precisamente en organizar el recurso para evitar conflictos y procurar que llegue de manera ordenada a los productores. Cada núcleo cuenta con responsables de distribución y limpieza, mientras los agricultores pagan por el derecho de uso y participan en el mantenimiento de los canales.

Pero la organización comunitaria tiene límites cuando falla la infraestructura.

Alvino señala que el canal requiere limpieza y reparación de la toma y asegura que han gestionado autorización de Medio Ambiente para introducir maquinaria. Mientras esperan, describe un lateral con poca agua y productores obligados a recurrir a pozos que tampoco siempre abastecen lo necesario. Según su estimación, unas 5,000 tareas de yuca, además de plantaciones de limón, podrían resultar afectadas si el riego no se normaliza.

La solución que plantea no consiste en extraer más agua del Nizao, sino en recuperar la capacidad de conducir mejor la que ya existe: limpiar el canal, reconstruir el muro afectado y evitar pérdidas en el trayecto.

Ahí aparece otra parte de la responsabilidad institucional.

José Luis Lluveres, encargado de la División de Riego de San Cristóbal del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI), reconoce que el lateral ha sido intervenido anteriormente, pero admite que desde hace años la zona enfrenta limitaciones por falta de equipos de la institución. Según explicó durante la entrevista, algunas intervenciones recientes han dependido de maquinaria gestionada por empresas privadas y actores locales.

José Luis Lluveres, encargado de la división de riego de San Cristóbal del INDHRI.
José Luis Lluveres, encargado de la división de riego de San Cristóbal del INDHRI, advierte sobre la necesidad de rehabilitar canales y bermas y las limitaciones por falta de equipos. Foto: Luisana Lora

La situación no se limita a un lateral.

Lluveres sostiene que existen bermas y canales que necesitan rehabilitación y afirma que las solicitudes de equipos se presentan dentro del plan operativo anual y vuelven a reiterarse trimestralmente. Su señalamiento es especialmente significativo: estima que la zona lleva más de cuatro años sin recibir equipos propios del INDRHI para esas labores, pese a que el sistema agrícola depende ampliamente de esos canales.

La necesidad es mayor porque, según explica, buena parte del riego continúa realizándose por inundación, un método que demanda infraestructura en condiciones adecuadas para distribuir el recurso.

Ese escenario ayuda a entender por qué la sostenibilidad del Nizao no puede limitarse a proteger el cauce. También exige usar con mayor eficiencia el agua que logra llegar a las zonas productivas.

El Nizao que mueve la producción
Agua para producir y abastecer
El sistema hídrico vinculado al río Nizao abastece acueductos y sostiene actividades agrícolas y pecuarias en Peravia y San Cristóbal.
3,530
beneficiarios de los sistemas de riego
3,020 usuarios del canal Marcos A. Cabral y 510 del canal Nizao-Najayo.
3
acueductos abastecidos
Valdesia–Santo Domingo, Peravia (Baní y Nizao) y San Cristóbal.
Producción agrícola
y pecuaria
Plátano, guineo, lechosa, mango, yuca, aguacate, cebolla, pastos, ganadería, producción de leche y caña de azúcar.
Fuente: Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI), respuesta a solicitud de información, 4 de agosto de 2026.

En esa dirección aparecen iniciativas de capacitación y tecnificación. Entre los antecedentes documentados figura el Proyecto PROMATRE, registrado por el INDRHI como parte de los esfuerzos vinculados a la capacitación y tecnificación del sector agrícola.

La alternativa, por tanto, pasa por producir de otra manera: prácticas agroecológicas, sistemas de riego más eficientes, utilización de insumos orgánicos, agricultura regenerativa y reforestación, acompañadas de un mayor control sobre las actividades extractivas.

La ecuación en Peravia

Sin agricultura se debilita la economía rural.

Pero sin agua tampoco hay agricultura.

Por eso, la sostenibilidad deja de ser aquí un concepto ambiental abstracto.

Se convierte en una condición económica.

Héctor Turbí plantea, además, que la responsabilidad debe ser compartida: las instituciones tienen que fiscalizar y hacer cumplir las normas, mientras comunidades y productores deben participar en la protección del recurso.

Desde la autoridad ambiental provincial, Freddy Montero concentra las prioridades en detener el otorgamiento de permisos de extracción, reforestar la cuenca baja y mantener una vigilancia permanente. También señala la conformación de un comité de cuenca con participación de distintas instituciones vinculadas a la gestión del recurso.

Joaquín Bautista amplía esa agenda: propone fortalecer el manejo del Parque Luis Quinn, mejorar la capacidad operativa de las autoridades ambientales, mantener programas de reforestación con especies nativas en la cuenca alta y controlar las extracciones ilegales en la parte baja.

Pero su mirada hacia el futuro va más allá del control y la sanción.

Bautista ve posibilidades en un aprovechamiento más organizado y sostenible del río, incluso mediante pequeñas iniciativas ecoturísticas que permitan a las comunidades obtener beneficios sin destruir el recurso. Para él, el Nizao no es únicamente agua para consumo o agricultura: es también “un legado milenario”, ligado a la historia productiva y humana del territorio.

Aguas transparentes del río Nizao dejan ver las piedras de su cauce, rodeado de vegetación en la cuenca baja.
El río Nizao conserva tramos de aguas claras, mientras enfrenta el desafío de sostener los usos productivos sin comprometer el equilibrio ambiental Foto: Luisana Lora

Por eso plantea un cambio de perspectiva: el río no debería entenderse como una fuente de enriquecimiento basada en la depredación, sino como un recurso capaz de seguir generando bienestar si se utiliza de manera sostenible.

Y ahí está, quizá, la decisión que enfrenta el Nizao.

No se trata de escoger entre producir o conservar.

Se trata de decidir cómo producir para poder seguir conservando y cómo conservar para poder seguir produciendo.

Porque el agua que hoy mueve una turbina, atraviesa un canal, riega una parcela o llega a una vivienda depende de que mañana todavía exista un río capaz de sostenerla.

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