UN ESPECTÁCULO DEPLORABLE…

En medio de las crecientes manifestaciones de irracionalidad que asoman en todos los espacios de la sociedad, lo menos que podemos esperar es el mal proceder de quienes ocupan posiciones en el Estado. Vivimos atrapados en la incertidumbre de chocar con individuos con actitudes agresivas, dispuestos a confrontar con quienes se crucen en su camino. Sin embargo, los ciudadanos esperan que las autoridades y funcionarios públicos exhiban un comportamiento marcado por la decencia, actuando con comedimiento, entendiendo que sus acciones deben servir de ejemplo para las presentes y futuras generaciones. Es desde esa realidad que sentimos vergüenza ajena por la infeliz escena protagonizada por el ministro de educación, Ángel Hernández, y una comisión de diputados que se encontraba en su despacho. La situación se salió de control y el ministro de educación decidió sacar de su oficina a los miembros de la comisión, no sin antes expresar: “Aquí las reglas las pongo yo”

La denuncia la hizo la diputada Ydenia Doñé, miembro de la comisión de educación que acudió al ministerio para conversar sobre diversos proyectos de ley que trabajan en la Cámara de Diputados, referentes a la educación dominicana. Es la primera vez en la historia que un ministro le dice a los diputados que salgan de su despacho. Claro está, no pretendemos ahondar en especulaciones sobre las razones que llevaron a tomar una decisión tan radical, porque en definitiva lo deplorable es que funcionarios representantes de dos poderes del Estado promuevan este tipo de altercados, cuando se presume que tienen la suficiente capacidad para superar las contradicciones que se puedan presentar. Y más aún cuando se trata de representantes del área educativa, que estando arriba, sus actos son observados por los que estamos abajo.

A todo esto nos preguntamos, cómo podrán ser aprobados los proyectos de ley que deben ser consensuados por el ministro y los diputados? Ahora que vivimos en el sobresalto por la ira que aflora en los escenarios para arrebatarnos la cordura, sería más que necesario y apremiante, apreciar los buenos ejemplos de quienes están en funciones relevantes. El ministro de educación debe ser el referente social para millones de estudiantes. Por igual, los diputados deben elevar como estandarte la condición de honorables representantes del primer poder del Estado.

El pueblo dominicano desea contar con ciudadanos que sirvan de ejemplo, que actúen con decoro y que proyecten los valores que dignifican al ser humano. Más aún,  cuando se trata de autoridades.

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