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El caso de Esmeralda Moronta de los Santos, joven emprendedora que denunciรณ sentirse perseguida y temer por su vida, reabre el debate sobre la capacidad de respuesta de las autoridades, la prevenciรณn de la violencia y el peligro de una sociedad que todavรญa normaliza conductas de control y acoso dentro de las relaciones.
Repรบblica Dominicana vuelve a estremecerse por una cadena de feminicidios que ha dejado familias destruidas, hijos huรฉrfanos y una sociedad golpeada por una violencia que sigue cobrando vidas femeninas en distintos puntos del paรญs.
Detrรกs de cada titular hay historias que revelan algo todavรญa mรกs alarmante: muchas de estas mujeres sรญ buscaron ayuda.
El caso mรกs reciente es de Esmeralda Moronta de los Santos, quien no muriรณ en silencio. Segรบn las informaciones divulgadas, la joven emprendedora habรญa acudido a las autoridades para denunciar el acoso y seguimiento constante que presuntamente ejercรญa su expareja, Omar Tejeda Guzmรกn, quien incluso habrรญa utilizado dispositivos GPS para rastrear sus movimientos luego de terminada la relaciรณn
La joven, reconocida por su proyecto โEstilo Pasteleroโ y seguida por miles de personas en redes sociales, solicitรณ una orden de alejamiento y expresรณ temor por su vida. Sin embargo, la protecciรณn que necesitaba no llegรณ a tiempo.
Y ahรญ es donde el paรญs tiene que detenerse a reflexionar seriamente.
Porque este no es solamente un caso de violencia de pareja. Este es tambiรฉn un caso que vuelve a poner sobre la mesa preguntas sobre la capacidad de respuesta del sistema, la prevenciรณn y la protecciรณn efectiva para mujeres que denuncian sentirse en peligro.
ยฟCuรกntas denuncias terminan archivadas entre procesos lentos mientras el peligro sigue creciendo?
ยฟCuรกntas seรฑales mรกs necesita la sociedad para entender que el control obsesivo, el acoso y la persecuciรณn no son โmuestras de amorโ, sino alertas de violencia?
Lo mรกs preocupante es que el paรญs parece entrar en un ciclo peligroso de indignaciรณn momentรกnea. Cada tragedia provoca dolor colectivo, publicaciones en redes sociales y llamados de conciencia. Pero los dรญas pasan y todo vuelve a la normalidadโฆ hasta que aparece otra vรญctima.
Mientras tanto, las cifras siguen creciendo y las historias comienzan a parecerse demasiado entre sรญ. Mujeres jรณvenes, Relaciones conflictivas, Denuncias previas, Amenazas ignoradas. Y familias preguntรกndose quรฉ pudo hacerse para evitarlo.
Repรบblica Dominicana necesita mucho mรกs que discursos de condena despuรฉs de cada feminicidio. Necesita prevenciรณn real, seguimiento efectivo a las denuncias, educaciรณn emocional y una transformaciรณn social profunda sobre la manera en que se entienden las relaciones, el control y la violencia contra la mujer.
Porque cuando una mujer pide ayuda y termina asesinada, el fracaso deja de ser รบnicamente individual. Tambiรฉn se convierte en un fracaso colectivo.
Que mayo no siga escribiรฉndose con sangre.
