¡UN CASO INSÓLITO, PERO REAL!

Sabemos que no debemos sorprendernos con las cosas que ocurren en nuestro país. Sin embargo, a modo de preguntar sin el ánimo de que alguien responda, deseamos saber cómo los presos de la cárcel La Victoria lograron instalar 96 routers y 89 cámaras de vigilancia en ese penal.

El anuncio de que las autoridades penitenciarias acompañados de efectivos militares desmantelaron los equipos tecnológicos en un espacio físico que operaba como centro de retransmisión de señal de internet que permitía proveer wifi a los reclusos, e incluso, a los residentes de la comunidad, era un secreto a voces. Lo insólito, es que todo el sistema era alimentado por una línea de fibra óptica extendida por sus propios medios y tomada desde un punto ubicado en Sabana Perdida. Eso explica las estafas  cometidas por los reclusos contra humildes ciudadanos.

El llamado centro de operaciones era controlado por un interno y contaba con 29 swiches de cámaras: un negocio ilegal que durante años contó con el apoyo de quienes tenían la encomienda de velar por la seguridad de ese recinto. Es a partir de esa realidad que debemos preguntar si las actuales autoridades van a investigar para establecer responsabilidades.

Por fortuna el centro de operaciones ha sido desmantelado por las autoridades penitenciarias, quienes además ocuparon 508 teléfonos móviles, 107 cargadores, 96 auriculares, una laptop, dos tablet, 09 reproductores de DVD, 35 PlayStation, 10 controles de distintos aparatos, 8 inversores, y 173 bocinas, entre otras menudas herramientas que eran utilizadas para mantener en constante funcionamiento el referido centro.

Con justa razón la mayoría de la población cuestionaba el modus operandis de los reclusos desde la cárcel, ya que con un simple aparato se podía bloquear la señal para impedirles sostener comunicación con el exterior. La explicación es obvia, los presos de La Victoria, sin dudas, contaban con la protección de individuos revestidos de autoridad. Así cometían sus estafas a través de llamadas engañosas donde de diversas formas lograban el propósito de tumbar a sus víctimas. Ojalá que el desmantelamiento no se inscriba como una acción del momento, sino que se establezcan controles permanentes para que jamás los reclusos vuelvan a estafar -desde un lugar donde se presume están purgando sus condenas.

Por lo menos, eso es lo que se espera.

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