JUGAR AL OLVIDO…

En pueblos como el nuestro, a pocos años de pasar una tragedia, -por más que haya estremecido a la sociedad-, pocos la recuerdan. Vivimos en un círculo donde se juega al olvido. Sí, por más triste que parezca, no importa la magnitud de la tragedia, los dominicanos tenemos la tendencia a olvidar en un breve plazo.

Tal es el caso del asesinato del taxista Rubén Darío Pimentel y el mecánico Tirson Báez Mejía (Chepe), quienes fueron abatidos por un contingente policial en el año 2016, en un incidente cuyas motivaciones nunca fueron aclaradas por las autoridades.

La sociedad reaccionó indignada, al punto de lanzarse a las calles en demanda de castigo para los asesinos de dos hombres de trabajo. Los medios de comunicaciones, tanto locales como nacionales, dieron cobertura al hecho sangriento más espeluznante ocurrido en este municipio, con el agravante de que los acusados fueron agentes policiales que supuestamente están para proteger la vida de los ciudadanos.

Sin embargo, a seis años del vil asesinato del taxista y el mecánico, lastimosamente hemos sido informados que el juez encargado desestimó el caso y descargó a los agentes policiales involucrados. Así lo dio a conocer el arquitecto José Luis Pimentel, hermano de Rubén Darío, el taxista que junto al mecánico Báez Mejía, resultó acribillado por un contingente de agentes que hoy, por la voluntad de un juez han sido descargados.

Así como lo oyen, el hecho más sangriento de los últimos años en este municipio, fue desestimado. Y por lo que observamos, la muerte de estas dos personas serias y de trabajo, quedará impune y “colorín colorado”. Las familias de los asesinados agotaron todos los recursos legales para que se hiciera justicia, pero lamentablemente no pudieron lograr ese noble objetivo.

Recordamos que dos hijos de nuestro pueblo fueron asesinados, cuando por desgracia cruzaron frente al cordón de agentes policiales que fueron apostados frente al Matadero municipal en la carretera Baní-Villa Sombrero, en diciembre del año 2016.

Las muertes de Tirson Báez Mejía y Rubén Darío Pimentel, desencadenaron una gigantesca manifestación de rechazo a las acciones desmedidas de agentes de la policía nacional, acrecentando la demanda de una reforma policial que devuelva a esa entidad su imagen de garante de los derechos humanos, sobre todo, la protección de la vida de los ciudadanos.

Hoy, el pueblo banilejo debe reaccionar indignado frente a la sentencia de un juez que dejó caer la vara de la justicia. Y como acontece en la mayoría de los casos, los acusados fueron beneficiados.

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